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05/05/2017 - Obras de Cristòfor Taltabull, Honorat Vilamanyà, Josep Maria Mestres Quadreny, Miquel Ortega y Albert Guinovart.

La relación entre texto y música se establece habitualmente mediante la voz, pero también los textos pueden sugerir composiciones sin su utilización explícita. La música puede acercarnos al mundo de la poesía o las leyendas a través de su capacidad de aludir y conmover.

A continuación, muestran algunos ejemplos representativos de estas diversas relaciones entre texto y música, con obras de Cristòfor Taltabull, Honorat Vilamanyà, Josep Maria Mestres Quadreny, Miquel Ortega y Albert Guinovart.

Pedagogo y compositor

Cristòfor Taltabull fue compositor y pedagogo, y sus enseñanzas influyeron en los inicios de las obras de compositores como Josep Cercós, Xavier Benguerel, Josep Soler, Joan Guinjoan o Josep Maria Mestres Quadreny. Fue un personaje singular que transmitió a toda una generación un legado musical extraordinariamente importante mediante la enseñanza, tanto de las técnicas tradicionales como de obras fundamentales del siglo XX.

Les set paraules de Nostre Senyor Jesucrist, para orquesta de cuerda, dos flautas, órgano, tenor solista y coro mixto, es una obra con un profundo sentimiento religioso. Josep Casanovas destacaba de esta “el ambiente de sortilegio… Un dominio total de la escritura tradicional y los procedimientos de contrapunto”. Una composición que puede aproximarse a “la expresión netamente clásica, casi propia de un Bach”, aunque por momentos también podemos encontrar un cierto deje raveliano.

El Preludi inicial y el Epíleg simfònic enmarcan la composición y, excepto en la Quarta Paraula, andante mosso, el tempo es fundamentalmente expresivo y meditativo. Breves figuras rítmicas, repetitivas, expresan el carácter inexorable y dramático del texto. La obra está escrita con meticulosidad, llena de detalles, y la orquestación sutil y las líneas melódicas acentúan su carácter dramático.

Les set paraules es una de las pocas páginas sinfónicas completas que se han conservado de Cristòfor Taltabull.

Magia y leyenda

La primera colaboración importante entre Joan Brossa y Josep Maria Mestres Quadreny fue la ópera de cámara El ganxo, del año 1959. Posteriormente, esta colaboración continuará con obras de cámara, de orquesta o acciones musicales. Toc per a Joan Brossa es un homenaje al amigo y poeta, escrito el año 1999, pocos meses después de su muerte. La obra se divide en tres partes, y cada una de ellas es una reelaboración de ballets, escritos algunos años atrás, relacionados con obras de Joan Brossa.

La primera parte, Plor de rialles, está concebida a partir de bloques sonoros siempre en constante transformación, solo rotos por un momento de breves y rápidas figuras rítmicas. La segunda, La força del gust, da protagonismo al acordeón y está escrita casi como una habanera, de forma que crea un fuerte contraste con las frases lineales de los otros instrumentos. La obra finaliza con L’ombra parlant, que se diferencia de las partes anteriores. Ahora, la orquesta se llena de un chispeo en transformación constante, puntos de luz que irradian a través de todos los instrumentos. Los tres movimientos se nos presentan como verdaderos objets trouvés, objetos sonoros a los que el compositor ha dado su original y singular lógica y unidad.

Leemos en la edición de Poemes de seny i cabell que “la escritura osada y liberada de Brossa yuxtapone imágenes heterogéneas” y también que “se puede observar una búsqueda de la esencialidad”. Estas características tienen un fiel reflejo en la música de Mestres Quadreny. La originalidad del poeta se proyecta en la música del compositor.

De la “magia” de Joan Brossa a las alusiones. “Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo... pastores, montañas y apariciones”… Estos son los protagonistas del ballet de Honorat Vilamanyà, Gnoms a la Maladeta.

Nacido en Ripoll en el año 1905 y fallecido en Barcelona en 1963, Honorat Vilamanyà fue un músico y compositor que destacó por la composición de sardanas; entre los años 1932 y 1936 escribió algunas de las más conocidas, como Camí dels Pirineus. Además del considerable número de sardanas que aportó, también compuso música para banda, de cámara y para orquesta, como el ballet que presentamos. Gnoms a la Maladeta fue estrenado en el Palau de la Música Catalana en el año 1956 por la Orquestra Municipal de Barcelona, dirigida por Eduard Toldrà.

La obra se inicia con un tranquilo ritmo de barcarola, una introducción que se alarga brevemente con un allegro vivo, hasta que se inicia el tempo de ballet, casi como un vals: tres notas repetidas varias veces nos presentan un motivo que irá apareciendo a lo largo del ballet. A partir de este momento, diferentes secciones se suceden, siempre destacando un ritmo claro y preciso. La orquestación siempre cambiante y una escritura precisa y llena de detalles hacen de esta obra una composición muy agradable de escuchar, una muestra de música escrita con mucha profesionalidad, pero injustamente poco interpretada.

Compositores y “populares”

El compositor, pianista y director de orquesta Miquel Ortega explica como García Lorca ha sido un referente en su vida desde la infancia. Su obra más ambiciosa ha sido la ópera La casa de Bernarda Alba y también ha puesto música a dieciséis poemas, de los cuales uno de los más interpretados es Memento.

La versión de Memento que presentamos está escrita para orquesta y barítono. El mismo compositor explica que estas obras son “sencillas y directas al oído”, hecho que explicaría las numerosas interpretaciones que presentan y la buena acogida por parte del público. Entre las diferentes grabaciones discográficas destaca la que realizó el barítono Carlos Álvarez.

El texto de Memento está extraído de Poema de cante jondo, dividido en tres breves estrofas y un verso final. El compositor inicia cada estrofa con las mismas notas para posteriormente transformarlas, diferenciando así cada una de ellas. La estructura del poema y su “sonoridad” condiciona y organiza la música, que no acompaña, sino que se funde con la poesía.

Memento es un adagio que siempre utiliza unas dinámicas cercanas al piano, un suave balanceo escrito en corcheas que transmite el sentimiento dramático pero contenido del poema. La obra fue escrita en Pamplona en el año 1995 mientras Ortega era director titular y artístico de la Orquesta Pablo Sarasate.

Uno de los eventos musicales con más difusión de los últimos años es el afloramiento de los musicales, un género que ha adquirido una fuerza sorprendente. Posiblemente el compositor catalán con más proyección dentro del género es Albert Guinovart, también un prestigioso pianista. Algunos de sus musicales más conocidos son Mar i Cel, Flor de nit y Gaudí.
Mar i Cel se estrenó en el Teatro Victoria de Barcelona en el año 1988, y su libreto está escrito por Xavier Bru de Sala a partir del texto de Àngel Guimerà. Recibió varios premios Max durante el año 2006, uno de ellos a la mejor composición musical. Presentamos la edición de uno de los fragmentos más conocidos, el Coro final.

Este fragmento final de Mar i cel se ha convertido en una música verdaderamente popular, interpretada por grupos profesionales y amateurs, así como en escuelas e institutos. Un casi nostálgico inicio, “el sol s’apaga entre les boires”, irá lentamente dirigiendo la intensidad de los recuerdos a la esperanza y la paz. La música, combinando lirismo y motivos con un aire de marcha lenta, conduce a las palabras finales: “el mar, el cel”.

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